Anidada en el tesoro de mis recuerdos más remotos
cambiaba de canal
dulce espera de una foto que resalte el hechizo de aquella sonrisa de niña, torpe, masculina
se nublaba el paisaje de mis pinturas
humareda de diccionario confuso en una mente sombría
contemplando el sepulcro de mi cuerpo siniestro
enfrenté a la muerte, a ver si me proponía a cruzar el límite
tambaleando entre las calles decidí sacrificar un ala mía
sucumbiendo al miedo, laberinto de terror, sofocada entre el sudor del ambiente ambivalente
se presenció el hechizo, una elegía llamada “la extraviada”
domingo, 28 de diciembre de 2008
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