domingo, 28 de diciembre de 2008

La Traviata

Anidada en el tesoro de mis recuerdos más remotos

cambiaba de canal

dulce espera de una foto que resalte el hechizo de aquella sonrisa de niña, torpe, masculina

se nublaba el paisaje de mis pinturas

humareda de diccionario confuso en una mente sombría

contemplando el sepulcro de mi cuerpo siniestro

enfrenté a la muerte, a ver si me proponía a cruzar el límite

tambaleando entre las calles decidí sacrificar un ala mía

sucumbiendo al miedo, laberinto de terror, sofocada entre el sudor del ambiente ambivalente

se presenció el hechizo, una elegía llamada “la extraviada”

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